Fotografía: fuente web
Carrizo común
Phragmites australis
Origen e hábitat natural
El carrizo común es la helófita más extendida del planeta: forma carrizales en los cinco continentes, desde las marismas bálticas hasta los deltas tropicales del Nilo, el Ebro o el Mekong. En la Península Ibérica coloniza riberas, lagunas, marismas y salinas, siendo el constructor principal de los humedales de La Mancha, Doñana y el Delta del Ebro. Su éxito se debe a un sistema de rizomas horizontales que avanza varios metros por año y a una tolerancia extraordinaria a la salinidad, la sequía estival y la contaminación. Los carrizales maduros albergan una de las comunidades de aves palustres más ricas de Eurasia, incluyendo especies amenazadas como el carricerín real o la garza imperial, y funcionan como filtros naturales que depuran el agua de nitrógeno, fósforo y metales pesados.
Descripción botánica
Gramínea perenne de gran porte con cañas erectas, huecas y lignificadas de 2 a 4 metros, rematadas por una panícula plumosa de 20 a 50 cm de color púrpura plateado que vira a beige en otoño. Las hojas son lanceoladas, anchas (2-4 cm), de color verde azulado, con lígula reducida a una corona de pelos. Los rizomas blancos y carnosos forman redes densas bajo el fango. Florece a finales del verano y sus plumas persisten todo el invierno, dando al carrizal su paisaje característico. Existe una forma variegada ornamental poco frecuente en cultivo.
Cuidados y cultivo
Se planta en primavera, entre marzo y mayo, mediante rizomas con yema o planta en cepellón, a razón de 3-5 unidades por metro cuadrado. Acepta cualquier sustrato encharcado: fango, arcilla, grava o incluso grava pura en filtros de depuración. La profundidad óptima es de 10 a 30 cm, aunque aguanta inmersiones de hasta un metro y periodos de sequía una vez establecido. Requiere pleno sol: a media sombra se espiga menos y se tumba. No necesita abonado en estanques; en filtros conviene agua rica en nutrientes, que consume con avidez. El mantenimiento se reduce a una siega anual a finales del invierno, cortando las cañas secas a 10 cm del suelo antes del rebrote. En macetas o cubetas debe vigilarse su vigor: es capaz de reventar contenedores pequeños con sus rizomas.
Requerimientos de agua, luz, suelo y temperatura
Luz: pleno sol imprescindible. Agua: suelo permanentemente saturado o lámina de 0-50 cm; tolera salinidad hasta 15 g/l y pH de 5,5 a 8,5. Suelo: cualquiera, preferentemente limoso-arcilloso y rico en materia orgánica. Temperatura: soporta heladas fuertes; la parte aérea muere en invierno y rebrota en abril. Espacio: prever mínimo 2 m² por planta y barreras antirrizoma si convive con otras especies.
Enfermedades y plagas
Sus enemigos principales son la roya del carrizo (Puccinia magnusiana), que mancha las hojas de pústulas anaranjadas en veranos húmedos; los pulgones harinosos (Hyalopterus pruni), que cubren el envés de melaza y negrilla; y las orugas barrenadoras de los géneros Rhizedra y Archanara, que taladran las cañas y provocan acame. En masas densas y mal ventiladas aparecen manchas foliares por Helminthosporium y Stagonospora. Los virus del mosaico del carrizo deforman hojas jóvenes. La mejor prevención es la siega anual y la retirada de restos, que elimina inóculo y huevos; los tratamientos químicos rara vez se justifican en jardinería.
Usos y valor ecológico
Pieza clave de fitodepuración en humedales artificiales de flujo superficial y subsuperficial. Tradicionalmente se ha empleado para cubiertas de paja, esterillas, cañizos, instrumentos de viento y escritura. En jardinería acuática sirve de pantalla visual, cortavientos y refugio de fauna. Precaución: en Norteamérica el haplotipo introducido es invasor; en Europa es autóctono pero debe contenerse con barreras en estanques ornamentales.
Consejo profesional
Si lo plantas en un estanque pequeño, confínalo en una maceta de 40 litros enterrada o instala una barrera de polietileno de 60 cm: sin control, colonizará todo el vaso en tres temporadas.